Radio Rock

Nuestro critico Gonzalo Hernandez se mete en el mundo del cine, con la pasión y la obsesión que casi lo cataloga dentro de una nueva parafilia, la que aquí llamamos la Cinefilia, que tendrá varios formatos, por momentos seravideo, en otras en audio y en otras, como esta sobre la película "La vida de Adéle", sera escrita.

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Sinopsis:

Adèle (Adèle Exarchopoulos) es una joven adolescente en pleno despertar sexual.  Busca algún contacto heterosexual hasta que conoce a Emma (Léa Seydoux), una estudiante de Bellas Artes que lleva el pelo de azul y es mayor que ella. Se trata de un amor a primera vista, para ambas. Pero el amor no solo hay que sentirlo, hay que sostenerlo cotidianamente. Ese será para Adèle un largo y doloroso aprendizaje.

Reseña:

“La vie d’Adèle” es una película multipremiada, con más de cuarenta galardones obtenidos. Entre ellos, sin duda destaca la obtención por parte de la película de la Palma de Oro, en el Festival de Cannes, 2013. El premio fue compartido por el director, de origen Tunecino y las dos magníficas actrices que son las protagonistas.

Decir ganadora en Cannes, pone respeto. Pero es más peso simbólico que otra cosa. Se puede discrepar largamente con la decisión del jurado integrado, entre otros, por Steven Spielberg. En particular con el destaque de: a) lo valiente de la propuesta y b) la veracidad con la que están tratadas las escenas de sexo. En particular creo que ninguna de las dos cosas merece un premio especial. Pero a no engañarse, estamos también frente a una notable propuesta cinematográfica, que podría haber sido mejor si hubiera optado por reducir sus largar tres horas en las que sobran, por ejemplo, buena parte de las escenas de sexo.

Kechiche debutó como director en el 2000, llegando recién a la quinta película. Pero hay en ellas una preocupación común. Sus dos últimos largometrajes fueron “La graine et le mulet” (2007), una historia de inmigrantes tunecinos que buscan abrir –en un barco- un restaurante de sus comidas típicas, y “Vénus noire” (2010), donde cuenta la historia de una negra esclava africana que en el siglo XVIII es llevada a Europa por su dueño, que la exhibía como espectáculo de feria dentro de una jaula. En el siglo XIX su cuerpo fue estudiado por médicos y anatomistas que veían en ella un enorme parecido con un mono.

El director tunecino, de una forma u otra, viene hablando en su filmografía de seres que se encuentran en situación de extraños, de raros. Esta última película no es, entonces una casualidad. “La vie d’Adèle” se trata de una historia de amor homosexual que conoce el deseo, la pasión, el amor infinito, el dolor brutal al que puede llevar la falta de madurez emocional y la necesidad  de recomenzar la vida aunque parezca que ya no hay nada.

Si no fuera una historia de un amor homosexual, seguramente no hubiera despertado tanto interés la historia en sí. Lo realmente estupendo, cinematográficamente hablando, es el tono testimonial que decide tomar la cámara. Parece casi un documental. Y sin abrir demasiado los planos, jugando preferentemente con planos cerrados y casi inevitablemente con primeros planos, los ritmos de la historia se dejan leer en la composición al interior de los encuadres. Puede que en la extensión de tres horas el recurso pueda ser un poco cansador, pero la composición general nunca pierde el ritmo ni decae. Y, por supuesto, la decisión de ese tipo de planos va de la mano con el intento de hacer una historia fuertemente intimista, donde el espectador sea un constante partícipe de las intensas emociones de los personajes sin que estas queden traducidas en palabras.

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Como si lo anterior fuera poco, hay un notable trabajo de dirección de actores, un muy fluido talento para lograr que el elenco realizara actuaciones maravillosas. El recurso de los primeros planos exigió un profundo trabajo de la gestualidad que en ningún caso se reduce a un conjunto pequeño y estandarizado de gestos. Por el contrario, la gama de gesticulaciones, de movimientos casi inesperados en los músculos del rostro de las protagonistas, hace que la actuación sea más que destacable. Sin duda  Adèle Exarchopoulos es una firme candidata a comenzar a ser empleada por distintos directores. Y no solo para llorar, de lo cual da muestras de variado tipo en esta película. La naturalidad que pone ante cámaras y el manejo del rostro para transmitir emociones, sensaciones -incluso casi imperceptibles o intraducibles- es formidable y más que disfrutable.

Puede que el guión no diga nada nuevo, pero sin duda la gama de sentimientos que son hábilmente trabajados por el director y las protagonistas colocan a esta película en una verdadera joya cinematográfica que vale la pena disfrutar. Aunque basada en un comic, la distancia respecto de la obra original (y la notable ganancia de las decisiones tomadas) muestran el acertado trabajo del director Kechiche.

Un diálogo:

(Adèle y Emma, desnudas en la cama, conversan sobre la fiesta que han tenido y la posibilidad de que un galerista exponga los trabajos de Emma. En un momento Emma quiere convencer a Adèle de que se dedique a escribir para estar realizada y ser feliz)

Emma: Te encanta inventar historias y contárselas a los niños. Te gusta hacer eso.

Adèle: Pero para los niños. Construir una historia, no es lo mío.

Emma: Como sea: depende de ti. No sé, me gustaría que lo hicieras.

Adèle: ¿Para qué?

Emma: No sé para que estés realizada.

Adèle: Yo estoy realizada, contigo.

Emma: Me gustas que estés aquí, cocinando y esas cosas. Me gustaría verte feliz.

Adèle: Soy feliz. Estoy feliz contigo, así. Es mi manera de ser feliz.

Emma: Si vos lo decís…

Adèle: Me duele escucharte insistir.

Una secuencia:

La secuencia final, donde Adèle va a un vernisage de Emma muestra un ejemplo del trabajo de dirección sobre los movimientos de los actores, los diálogos, las miradas, las distintas expresiones que realizan y los lugares en los que colocar la cámara. Hay allí una forma estilizada de mostrar la distancia entre las dos muchachas a la vez que también su vínculo. Una secuencia estupenda para un final donde también el vestido de Adèle, azul, sirve para expresar esa tensión entre cercanía/distancia que ella siente con Emma.

Lo mejor:

La formidable actuación de Adèle Exarchopoulos.

Lo peor:

La excesiva duración (lo que supone secuencias que podrían no haber estado).

 Gonzalo Hernández Sanjorge

Ficha técnica:

Título: La vida de Adèle

Título original: La vie d’Adèle

Director: Abdellatif Kechiche

Libreto: Abdellatif Kechiche, Ghalia Lacroix (adaptación del comic “Le bleu est un couleur chaude”, de Julie Maroch)

Con: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux

Duración: 179’

Origen: Francia, Bélgica, España